La final se fue endureciendo desde el primer minuto al compás de un arbitraje permisivo. Argentina , con un juego rudo y agresivo, convirtió el partido en un festival constante de patadas y faltas —una veintena por selección— sin que el esloveno Slavko Vinčić recurriera al bolsillo de las tarjetas hasta el minuto 40. La actuación del colegiado, que terminó con seis amarillas para la Albiceleste, la expulsión de Enzo Fernández y dos goles anulados a España en la prórroga, reavivó la polémica arbitral.

Pero la tensión del encuentro no se esfumó tras el pitido final. Al contrario: acabó desbordándose.