En el corazón de Madrid, una joven de 19 años tuvo un encuentro inesperado con un gatito escondido entre dos coches en la calle del Carmen. El gato, de unos tres o cuatro meses, llamó la atención de la joven por su pelaje gris y ojos verdes. La joven lo llevó consigo al café donde trabajaba y, después de cerrar, lo llevó a su hogar en el cuarto piso.

Allí, el gato se adaptó rápidamente y se convirtió en su compañero constante. Se sabe que la joven le puso el nombre de Tatín, un apodo que su padre solía usar para referirse a ella cuando era pequeña. Para conocer más detalles sobre esta historia, se puede consultar la fuente original.