En el verano de 1992, Barcelona se encontraba en un estado de euforia colectiva debido a la proximidad de los Juegos Olímpicos. Esta emoción se reflejaba en muchos hogares, donde se tomaron decisiones para mejorar la experiencia de ver los juegos en televisión. En algunos casos, se reemplazaron viejos televisores que ya no funcionaban correctamente, lo que permitió a las familias disfrutar de la cobertura de los juegos sin interrupciones.

Además, se compraron videos para grabar y revivir los momentos más destacados de los juegos. La emoción por los Juegos Olímpicos se combinó con la emisión de una serie de TV3 que mostraba la vida de tres hermanas solteras, lo que generó un gran interés en la audiencia local. Para más detalles, se puede consultar la fuente original.