Una mujer llamada Mónica González se vio atrapada en una situación de deuda después de aceptar tarjetas de crédito en un centro comercial y una tienda de ropa. La deuda se convirtió en un problema cada vez mayor, ya que utilizaba una tarjeta para pagar otras. Además de las dificultades económicas, Mónica enfrentó la presión de los cobradores, que la llamaban más de 50 veces al día.

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