Ibrahim nació hace 34 años en Senegal. Hace 20, cuando todavía era menor, se embarcó a bordo de un cayuco hacia Canarias , donde comenzó un periplo por centros de acogida hasta llegar a Barcelona. Luego intentó trabajar, robó en comercios, trapicheó con droga y acabó en prisión.

De hecho, ha entrado y salido varias veces de la cárcel. En una de esas salidas , protagonizó una pelea en la que perdió el ojo derecho de una cuchillada. “No sé si ha salido el juicio porque no tengo casa para que me avisen”, lamenta.

Este inmigrante senegalés lleva varios meses malviviendo en una de tantas tiendas de campaña gris (casi todas lo son) que pueblan la montaña barcelonesa de Montjuïc, no muy lejos de atracciones como el Palau Sant Jordi, el Estadio Olímpico o el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Fuma metanfetamina en una pipa de cristal, en un espacio que una vez fue césped situado en la carretera de Miramar, al lado del parque de bomberos de Montjuic .