Un comprador de vivienda se enfrenta a un dilema. Quiere adquirir un piso que actualmente está ocupado por un inquilino, pero desea mudarse de inmediato. El inquilino ha expresado su disposición a abandonar el piso una vez se produzca la venta.

El contrato de alquiler del inquilino tiene una duración de tres años más, lo que genera incertidumbre sobre su salida. El comprador busca garantías para evitar problemas después de la compra. Se busca una forma de asegurar la salida del inquilino antes de realizar cualquier pago, aunque no hay razones para dudar de sus intenciones.

Para obtener más información sobre este tema, se puede consultar la fuente original.