La empresa papelera Miquel y Costas, con orígenes que se remontan a 1725, busca expandir su alcance más allá del papel de fumar. Un inversor anglosajón se interesó por la compañía catalana antes de la crisis de 2008, pero se mostró perplejo al ver el balance de la empresa. Según Jordi Mercader Barata, presidente de la empresa, el inversor no entendía el plan de la compañía.

Los números mostraban una empresa prudente con poco apalancamiento y un crecimiento lento pero seguro. La empresa ha construido un balance limpio después de los problemas que enfrentó en los años noventa, y su apuesta es clara por un proyecto industrial. Para más información sobre la situación actual de Miquel y Costas, se puede consultar la fuente original.