En un edificio de protección oficial franquista, una mujer de 88 años llamada Rosarín vive sola y casi ciega. Conoce a alguien desde que este tenía diecisiete años y esperaba a su novia en el portal del edificio. La fachada del edificio ha cambiado con el tiempo, reemplazando una placa vieja con yugos y flechas por otra que condena la dictadura y hace un comentario sobre la democracia y la vivienda social.

Se sabe que Rosarín pidió a alguien que no la olvidara, pero este persona la había olvidado. Para más información sobre esta historia, se puede consultar la fuente original.