Un mes de verano en 1987 cambió la rutina de alguien que dejó su entorno mediterráneo por el Atlántico. Este cambio incluyó dejar Cartagena por Rota, buscando nuevos aires y energías. Las hijas de esta persona, que ya eran casi adolescentes, disfrutaban mucho de la playa, atraídas por el sol, la arena y el agua.

La experiencia en la playa no fue del todo agradable para el adulto, que encontraba la arena pegajosa y el calor insoportable. A pesar de esto, acompañó a sus hijas, que adoraban el lugar. Más detalles sobre esta experiencia están disponibles en la publicación original.