En el país, la siesta se ha convertido en una especie de insurrección silenciosa. Muchas personas han adoptado la costumbre de tomar un descanso después de comer, apagando su móvil y durmiendo un rato. Esto les permite tener un momento de suspensión en su jornada y recuperar energías.

Se puede echar una siesta en cualquier lugar, ya sea en el sofá del salón, en la cama o incluso en la playa. Lo importante es darle al cuerpo el lujo de decidir cuándo volver a abrir los ojos. No se trata de calcular el tiempo, sino de dejar que el cuerpo decida por sí mismo.

Más información sobre esta tendencia se puede encontrar en fuentes como El País, que han publicado artículos sobre el tema.