En el pueblo barcelonés de Tordera, una finca familiar de 300 hectáreas fue abandonada a principios del siglo XX debido a los altos costes. La familia que la gestionaba desde el siglo XVI se trasladó a la provincia de Lleida. Un miembro de esta familia, Rosendo Castelló, heredó la finca más de tres décadas después y decidió regresar a sus orígenes.

Castelló, un economista de 60 años, se describe a sí mismo como "hijo del éxodo rural". Se sabe que Castelló tuvo que pagar un precio caro para regresar a la finca, pero no se proporcionan más detalles sobre su situación actual. Para obtener más información, se puede consultar la fuente original.