El poder solía ser visto como algo muy serio, asociado con solvencia, rigor y principios importantes. Esto proporcionaba una sensación de tranquilidad, ya que se creía que había personas responsables que mantenían el orden. Los mortales podían permitirse ciertas libertades, como divertirse un sábado por la noche, porque al día siguiente todo parecía volver a la normalidad gracias a la vigilancia de aquellos que estaban en el poder.

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