El comienzo de curso trae consigo un desafío para los niños: adaptarse a un nuevo horario. Después de un período de flexibilidad en sus horarios, les cuesta volver a levantarse temprano. La clave para superar este obstáculo no radica en cambiar bruscamente sus hábitos, sino en ayudar a su cuerpo a adaptarse de manera progresiva.

La pregunta del momento es por qué resulta tan complicado volver a la rutina de sueño. La respuesta parece estar en la forma en que se aborda el cambio. En lugar de intentar acostar a los niños a una hora más temprana de golpe, se debe buscar una transición más suave.

Más información sobre cómo lograr esto se puede encontrar en una publicación especializada.