En el año 1803, Samuel T. Coleridge anotó una reflexión en su cuaderno que se refiere al principio central de la crítica. Esta reflexión se centra en la forma en que se juzgan las obras, ya sean literarias o de otro tipo.

Se conoce que Coleridge consideraba importante no perder la oportunidad de razonar contra el principio de juzgar una obra solo por sus defectos. En su lugar, destacaba la importancia de considerar las virtudes de cada obra. Para obtener más información sobre esta reflexión de Coleridge, se puede consultar la publicación original en El País, donde se ofrece una visión más detallada sobre este tema.